El hombre del faro
Pocas personas sabían de la existencia del hombre del faro, pero cuentan que llegó allí huyendo de todo. No, en realidad fue valiente.
En los últimos tiempos su vida había perdido el rumbo segundo a
segundo y, quizás por ello, decidió guiar la vida de otras personas desde su faro blanco con bandas azules.
A veces nos esforzamos por seguir la estela que pensábamos sería nuestra; buscamos un trabajo, una casa, personas que nos hagan olvidar la soledad pero, todos los hombres del faro saben que no pueden evitar lo que las estrellas decidieron ya para ellos.
Nuestro farero, antes de serlo, anduvo años dando tumbos. Una carrera, unas cuantas novias que le daban igual, unos amigos pasajeros, una rutina que todo el mundo aceptaba como normal. Pero él no.
Nuestro farero, antes de serlo, anduvo años dando tumbos. Una carrera, unas cuantas novias que le daban igual, unos amigos pasajeros, una rutina que todo el mundo aceptaba como normal. Pero él no.
Un buen día encontró un curioso anuncio. El anuncio de su vida. “Se busca persona que quiera vivir en un faro, sin más compañía que la del viento, la lejanía de los barcos y el sonido del mar”.
A veces las cosas llegan cuando menos te lo esperas y, después de haberlas buscado durante años sin obtener resultado, sólo dan ganas de eso, de sonreír.
Todos los hombres del faro saben que por mucho que lo intentemos, nuestro destino está escrito en ese cielo que cada noche ciega el viaje de todas esas personas que navegan. Los fareros iluminan su rumbo, echando una mano a ese destino que a veces se trunca y, sólo entonces, vuelven a sentir el vacío.
Todos los hombres del faro saben que por mucho que lo intentemos, nuestro destino está escrito en ese cielo que cada noche ciega el viaje de todas esas personas que navegan. Los fareros iluminan su rumbo, echando una mano a ese destino que a veces se trunca y, sólo entonces, vuelven a sentir el vacío.
Nadie vive cerca del faro blanco o, al menos, en 15 Kilómetros a la redonda. Pero ¿qué más podría necesitar él? Tiene con quien compartir el color naranja de la tarde, los libros, los paseos, las mañanas sin levantarse y las estrellas que les observan. Además, cuando hay tormenta, muchos saben que él está ahí para que no les pase nada, y vuelve a sonreír.
Lo bueno llegará de repente. Sólo tenemos que esperar y saber que esa es la nuestra. Seguro que a aquel que me regaló mi faro, las estrellas le deparan lo mejor. Se lo merece.
Lo bueno llegará de repente. Sólo tenemos que esperar y saber que esa es la nuestra. Seguro que a aquel que me regaló mi faro, las estrellas le deparan lo mejor. Se lo merece.

2 Comments:
Precioso, Zazú. Por cierto, ¿quién te regaló tu faro? Queremos saber.
Muchas gracias. Pues sí, Quintero, conoces a la persona que me regaló el faro. Y nada, como es taaaan bonito,viene de una persona que quiero taaanto y lo tengo puesto al lado de mi cama, hizo que me inspirase (dentro de unos límites, que no quiero ofender a las musas...) y que escribiera esta historieta.
Ya sabéis, hacedme muuuchos regalitos y yo os dedicaré muuuchos post. ;-)
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