Sekitumi

20 abril, 2006

Meursault, el extranjero...

A veces pienso que me gustaría ser como Meursault, ese personaje de El extranjero, de Albert Camus, que tanto me impactó y al que, una vez lo has conocido, tienes presente en curiosos momentos de tu vida. Como ahora.
Puede resultar extraño que alguien quiera parecerse a él, este ente sin ideas, sin sentimientos que le hagan divagar, sin capacidad de enamorarse...y, quizás como consecuencia de esto, alguien sin problemas, acostumbrado a hacer lo que le parece sin pensar en qué consecuencias tendrán sus actos. Camus precisamente quería presentarnos lo que nadie querría ser pero, a la vez, todos podemos ser en algún momento. Lo trágico de un espectro escéptico, una persona sin ilusiones, inmerso en una carencia de todo, en la tenencia de nada, en un pasajero de la vida que nace y muere sin más.
A veces pienso que me gustaría ser como Meursault, ser justo lo contrario de lo que soy ahora y sentir por un momento la nada, la ausencia de pensamientos sobre las consecuencias que tendrá todo aquello que digo, lo que callo, lo que hago y lo que amo.
A lo largo de los años me he cruzado, en varios casos intensamente, con algunos "Meursaults". Al igual que me pasó con la novela, no he sentido rechazo hacia ellos, a pesar de que su forma de ser o, mejor, su no ser, fueron haciendo que yo sintiera, hablara y actuase por ellos. Yo como un ser doble, un doble dilema. Al final de ese intento de leer en su mente, al igual que leí en la mente de aquel Extranjero de Camus, sólo llego a sentir frustración porque lo intenté y no pude. Pena por ellos. Pena porque quizá me atraen los que no son como yo y simplemente pululan.
A veces pienso que me gustaría ser como Meursault. Caer en el absurdo, en la alienación, la ausencia de desencanto, estar aquí. Sin más.
Sé cómo es vivir pendiente de justo todo lo contrario, intentando llegar a algo, molestándome en razonar, en hablar acerca de todo aquello que me indigna, en investigar los motivos de lo que sucede, en llegar antes que los relojes, antes que un viento que partió antes que yo y no quiero que me alcance. También sé lo que es ganar al tiempo, frenar el viento y disfrutar riéndome mientras me sopla a la cara y espera impaciente que lo vuelva a soltar. Después puede que el dilema me vuelva a doblar y, es entonces, cuando imagino que me gustaría que nada me afectase, sólo dejar que todo pase y nada importe, como el protagonista de Camus.
A veces pienso que me gustaría ser como Meursault. Pero sólo a veces...

1 Comments:

Blogger reclutakintero said...

Lo mejor es ser lo más selectivo posible en cuanto a los objetos susceptibles de provocar confusión y divagaciones. Desgraciadamente, la vida nos enseña que hay personas y situaciones que no merecen que gastemos ni un sólo segundo de reflexión porque jamás cambiarán.

20:17  

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